domingo, 22 de noviembre de 2009

Lugares con encanto en Sevilla


Una vez superados mis primeras incertidumbres y soledades sevillanas, me organicé como más me gustó, mis únicos días de la semana que no trabajaba. Los domingos y festivos.


Por la mañana, madrugaba bastante e intentaba por todos los medios estar pronto en la calle. Una vez que limpiaba mi pequeño estudio (durante la semana apenas lo hacia) salía a un bar cerca de casa a desayunar. Era el Bar "Bocadito", justo enfrente del acceso principal del Nervión Plaza y desde donde se ve el espectacular frente de cerámica del campo del Sánchez Pizjuan (solamente estropeado por el detalle de haber tapado deliberadamente el escudo del R. Betis Balompié) Pero en fin, nadie es perfecto. Allí, en el bar que os comentaba antes, desayunaba y lo hacía al estilo andaluz de la tostada. Me encantó descubrir el pan de mollete (supongo que se escribe así) pasado por la tostadora y acompañado por jamón cocido y un buen chorro de aceite de oliva. ¡Delicioso!


De allí andando o en autobús (el 23) en mi época de la rodilla fastidiada, hasta los Jardines de Catalina de Rivera. Pasaba directo a la Paza de Refinadores, junto al inmortal D. Juan Tenorio, le saludaba con un: «BUENOS DÍAS, JUAN» (nunca me contestó el puñetero) luego me perdía por una calle estrechísima que desembocaba en la Plaza de Santa Cruz. Continuaba bordeando la muralla y la entrada a los Jardines de Murillo, hasta que por otra calle estrecha llegaba a la Plaza de Los Venerables y a 20 metros, mi añorada Plaza de D. Elvira. Me sentaba en un banco de cerámica, debajo siempre de sus espectaculares naranjos y leía el periódico, alguna revista o algún libro. Pasaba varias horas, daba tiempo para todo.


Cuando ya avanzaba la mañana, me iba de la Plaza a hacer mi habitual recorrido por la zona. A veces mi primera parada era en el Bar las Columnas, muy cerca , en Mateo Gago. Es un sitio entrañable, siempre estaba lleno. Se seguía con la deliciosa costumbre de anotar con tiza los importes de las consumiciones en la barra. Un bar que con las paredes pintadas y con algún otro lavado, hubiera perdido todo su encanto. Además y de una forma totalmente casual conocí allí a unos amigos mejicanos, profesores de Universidad, que estaban en Sevilla en un Congreso Hispanista. Personas extraordinarias. Salía e iba camino de la calle García Vinuesa, lugar muy próximo, aunque a veces, hacia otra parada a mitad del recorrido. Era en la calle Alemanes, en el Bar Gonzalo, tenían un vino de Rioja bueno y a un precio normal, algo nada habitual en Sevilla.


Pero mi parada definitiva la hacía en un sitio con auténtico encanto. Con un sabor especial. Era un antigua bodega (VINOS MORALES) que un manchego de Valdepeñas puso en Sevilla para vender su vino, hace ya más de 150 años y sigue igual, no la han modificado en nada. Entras en el local, te sientes arropado por esas enormes tinajas de barro, esas barricas y mesas de madera, todo deliberadamente antiguo. Un ambiente especial lo impregna todo. No sé, sientes una sensación extraña, diferente, pero te encuentras muy bien. La cerveza tiene un sabor especial y cualquier tapa que tomes lo mismo.


Por favor, no olvidéis el nombre los que tengáis intención de ir a Sevilla. Muy cerca de la Catedral, camino de la Maestranza, muy céntrico; no es posible confundirse. Además está al principio de la Calle García Vinuesa. No os lo perdáis; aunque eso sí, tiene dos entradas, una directamente a una parte del bar y la otra que te lleva directo a la antigua bodega. Están unidas las por la barra, pero no es posible pasar de una a otra sin salir a la calle.


En Sevilla hay muchos sitios con encanto. Ahora mismo recuerdo El Rinconcillo, que cuentan es la taberna más antigua. Pero bueno, ya os contaré otro día mis visitas con mi amigo Joaquín a ese entrañable bar.


Recordad, por favor, VINOS MORALES.


Saludos muy cordiales.











8 comentarios:

Elena dice...

Lugares con encanto que hacen de las ciudades sitios inolvidables.
Por aquí en Córdoba hay muchos bares como los que describes en lugares tan típicos como la Judería.

Por cierto, los domingos y festivos acabarías como una moto con tanto bar ¿no? jajaja...

Un beso.

Fernando dice...

¡Joer, qué vergüenza! ¡Qué conste en acta!: Por la mañanas tomaba un vino y una cerveza y por las tardes más de lo mismo o dos cafés, pero bien sabes que las reglas están para no cumplirlas cuando la ocasión lo requiere y que fueron excepcionales, muy excepcionales las veces que no atiné a la primera a meter la llave de casa por la cerradura (el mejor test de alcoholemia que existe)

Lo que ocurre y lo sabes mejor que yo y te has aprovechado con humor de ello, es que al contar mis paseos he generalizado porque quería hablar de tres sitios y por tanto la exactitud no es total (¡qué rollo es tener previsto hasta el último movimiento! Eso nunca) Tampoco entraba en todos en un corto especio de tiempo y muchos días, acababa la lectura y a casa sin tomar nada. Todo dependía del viento que soplara

Me encanta la judería cordobesa, conozco el barrio y siempre lo he visitado con agrado. Me ocurre un poco como en Sevilla, ambas ciudades me gustan mucho, lo que pasa es que Córdoba conozco poco y Sevilla muy bien.

La próxima vez que vaya por tu tierra y ojalá sea pronto, iré con calma por la judería y descubriendo esos sitios que comentas. Por tu parte si vas a Sevilla, no olvides mi recomendación.

Un abrazo

Mª Ángeles dice...

Coincido contigo, Sevilla tiene mucho encanto.
Por cierto, soy de León y veo que te falta su catedral, cuando vengas, al lado de la catedral está el Barrio Húmedo (parada obligatoria si de tapeo hablamos...)
Saludos

Fernando dice...

Curiosamente, Mª Ángeles, esta misma mañana acabo de descubrir tu cuaderno. Ha sido en el de Pasión e ido al tuyo y te he conocido por primera vez. Me ha gustado y ya figuras en mis favoritos. En el transcurso del día volveré y me encantará saludarte de nuevo pero ya en tus páginas; lo haré encantado.

Bienvenida a estas mías. Gracias por tu visita.

Ni que decir tiene que Sevilla tiene muchos encantos, he vivido allí varios años y doy fe de ello. Es una ciudad que marca y deja huella.

He de confesar mi estado de casi "pecado mortal" por conocer muy poco, a pesar de vivir en la misma comunidad (al norte de la provincia de Burgos), tu extraordinaria patria chica. Siempre que hay un puente lo decimos, "esta vez sí" pero al final, siempre lo estropea alguien o algo. Pero iré, y cuando lo haga tendré presente la recomendación del tapeo que ya queda anotada.

No es olvido lo de la foto de León, tan solo es que nuestra comunidad es tan grande y ten importante monumentalmente (sobre el 60% del patrimonio nacional) que había empezado por otras zonas, aunque Sahagún y su románico ya estaban presentes. Hoy mismo y por ser justo se verá León en mi cuaderno.

No tengo muchas visitas, es cierto, pero las amigos o amigos que me visitan siempre son bien recibidos. Si quieres volver otro día, me sentiré muy halagado.

Un cordial saludo. Un abrazo.

José Manuel Guerrero C. dice...

Creo que el bar que sale en la foto está en el barrio del Arenal, el Póstigo. Me encanta que te guste mi ciudad. Yo bajo para navidad.

Fernando dice...

Casi me pierdo tu comentario. He entrado por casualidad.

Como bien dices está camino del Arenal pero no exactamente en lo que yo creo es el Postigo.

La Calle Alemanes es el lateral de la Catedral y cuando llega a la Constitución la que continúa de frente es García Vinuesa y justo donde empieza y haciendo esquina con la Avenida, hay un Horno-Panadería, Pastelería y Cafetería (¿San Buenaventura?), y a escasos metros está Vinos Morales, con las dos entradas que comentaba. Enfrente creo recordar hay una freiduría.

¡Ojalá! pudiera volver a estar estas navidades en Sevilla, me temo que no va a ser posible. Me da pena. Tengo muchas ganas de volver.

Saludos.

carlota dice...

Hola Fernando yo he estado en esa bodega y es tal cual la describres , de decoración en los rincones también había telarañas pero le quedaban de lo más encantador ...

Saludos :)

Fernando dice...

Hola, Carlota, todas las buenas bodegas, las telarañas forman parte de su encanto. Incluso en algunas, hasta hace poco tiempo, nunca las quitaban como medida preventiva contra muchos insectos que atacaban los corchos de las botellas.

Gracias por tu vista y siempre estaré encantado de leerte.

Me alegro coincidir en la agradable sensación que suponía entrar en aquella entrañable bodega sevillana.

He hecho una visita rápida tu cuaderno. !Joer! qué fotografías más extraordinarias, preciosas todas. Tengo que volver con más calma dejar reflejada mi opinión en los comentarios.

Gracias y hasta la próxima.